Aspectos históricos de las drogas

 Aspectos históricos de las drogas

El consumo de drogas ha sido documentado desde la antigüedad remota. En un primer momento, el consumo de sustancias psicoactivas estaba revestido de un carácter sagrado, ritual y terapéutico.

Las drogas eran los dioses y también el medio para comunicarse con ellos, y el consumo de las mismas estaba reglamentado en cada cultura, estando excluido casi siempre el uso por parte de las mujeres y los niños.

En América los cultos sagrados de las drogas parecen ser milenarios y aparecen reportes de consumo ritual de hongos en Guatemala desde el siglo X a.C., de peyote en México desde el siglo VI y de coca en Suramérica desde el siglo tercero a.C.

En Grecia, encontramos las primeras definiciones de las drogas, de las cuales vale la pena resaltar su carácter neutro, desprovisto de juicios morales y jurídicos. En el Corpus Hipocraticum, tratado de medicina de los siglos IV y V a.C. encontramos la siguiente definición de droga: «Las drogas son sustancias que actúan enfriando, calentando, secando, humedeciendo, contrayendo y relajando, o haciendo dormir».

Existen reportes de consumo de cáñamo, solanáceas y alcohol en diferentes aspectos de la cultura griega, tales como rituales de adivinación, sanación y recreación. Inclusive, algunos investigadores, plantean la hipótesis de la utilización de ácido lisérgico proveniente de hongos alucinógenos (Claviceps purpurea) en las ceremonias de los Misterios Eleusinos, considerados los ritos de culto divino, más importantes de la Grecia Antigua (Gordon Wasson et al, 1995).

En Roma, encontramos una definición para las drogas que ya involucra aspectos de tipo jurídico: «Droga es una palabra indiferente, donde cabe tanto lo que sirve para matar como lo que sirve para curar y los filtros de amor, pero esta ley sólo reprueba lo usado para matar a alguien». En dicha cultura, es famoso el consumo de vino, en fiestas en honor del dios Baco, conocidas como bacanales y también es conocido el consumo de opio, como remedio y como sustancia preferida para el suicidio de enfermos terminales.

Con la aparición y extensión del Cristianismo, empezamos a encontrar posiciones moralizantes frente al consumo de drogas, se les quita el carácter neutral, se condena la automedicación y la eutanasia, recordando que el dolor es grato a Dios; se identifica a Baco con Lucifer, surgen sectas abstemias y por primera vez, las plantas consideradas divinas por los antiguos, reciben el apelativo de “plantas diabólicas”.

La caza de brujas llevada a cabo por la Inquisición, fue uno de los capítulos más abominables en la historia del consumo de sustancias, pues mujeres de todas las edades fueron acusadas y sentenciadas a morir en la hoguera, sindicadas por tener pactos con el demonio y utilizar sustancias psicoactivas para comunicarse con Satán y embrujar.

Con el descubrimiento de América, se amplia el arsenal de drogas conocidas, pues en todas las culturas se utilizaban plantas con fines religioso-terapéuticos.

Peyote, Brugmansia, olohliuqui, tabaco, “yopo”, San Pedro, hongos, coca, mate, cacao y guaraná fueron las principales plantas sagradas para los indígenas, encontradas por los conquistadores al llegar al Nuevo Mundo y son ellos los responsables de la exterminación de estos rituales de consumo, los cuales fueron brutalmente remplazados por la imposición de la fe cristiana.

Más recientemente, concretamente en el siglo XIX, los consumos de drogas se modificaron ampliamente, debido a que los avances de la química y la medicina, permitieron la extracción de los principios activos de las plantas y la síntesis de productos, inclusive más potentes que los encontrados en ellas, además de la utilización de las jeringas hipodérmicas. Desde entonces es posible la obtención de sustancias como: morfina, codeína, atropina, cafeína, cocaína, heroína, mescalina, etc.

A esta época pertenecen los reportes de uso médico de cocaína por parte de Sigmund Freud y algunos anestesiólogos, la comercialización por parte de la empresa Bayer de cocaína, morfina y heroína, y la utilización de la cocaína en la fórmula inicial de la Coca-cola. Fue también en esa época, cuando algunos de los llamados poetas malditos como Baudelaire y otros artistas franceses de la época recurrieron al consumo de drogas para experimentar sus efectos sobre la creatividad.

A comienzos del siglo XX, la mayoría de estas sustancias estaban disponibles en todas las farmacias, gozando de propaganda como cualquier otro producto del mercado. Paralelamente, empezaron a aparecer informes de abuso de nuevas sustancias como los anestésicos y los hipnóticos.

La disponibilidad de sustancias, sumada a problemas políticos y otros factores, llevaron a que en Estados Unidos se desatarán batallas contra las drogas, las cuales se iniciaron con la Ley Seca, promulgada para la prohibición del alcohol, entre 1920 y 1930, la cual produjo cantidades de muertos y obtención de mucho dinero para pocos, situación que continúa repitiéndose hasta nuestros días con la persecución de todas las drogas ilegales.

Es imprescindible mencionar el movimiento contracultural de los años 60, con el cual los “Hippies” además de enviar su mensaje de amor y paz, promovieron el consumo de sustancias alucinógenas, sobre todo la Cannabis y el L.S.D., con la consiguiente respuesta de ilegalización, persecución y satanización de todas estas sustancias y de quienes las consumen.

Hoy, en los albores del siglo XXI, y como parte del fenómeno de globalización al cual asistimos, existe una gran disponibilidad y consumo de todas las drogas, llevándose el primer lugar las sustancias legales como el alcohol y el tabaco. Entre las sustancias ilegales continúa el incremento del consumo de Cannabis y cocaína, y va en aumento el consumo de heroína y drogas de diseño.

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