Breve Historia del Opio

 Breve Historia del Opio

La historia de la relación del hombre con las propiedades de esta planta datan del año 3.300 A.C. cuyas referencias fueron encontradas en escritos Sumerios en la antigua Mesopotamia. Desde ese entonces se hacía referencia a la amapola como la “planta de la dicha”, por lo que esta civilización hacía uso de ella por sus propiedades medicinales, como recreativas (Fernández, 1950/1998). Sin embargo, Martins señala que los vestigios más antiguos conocidos (objetos para quemar opio) datan del
año 4.200 A.C. y fueron hallados en una gruta funeraria cerca de Granada, España (2008).

Entre los años 700 y 140 A.C. los secretos del cultivo fueron compartidos con diversos pueblos en los que habitaban sirios y egipcios, hasta llegar a Grecia. Los griegos asociaron la planta con Nox, diosa de la noche y con
Morfeo, dios de los sueños. En el año 400 A.C se registra un escrito de Hipócrates describiendo la práctica de prescripción del opio para el
tratamiento del insomnio y hacia los años 129 y 199 D.C. el médico griego Galen promovía el uso oral del opio y otras yerbas como parte de
sus prácticas “Galénicas”. Lo utilizaban para el tratamiento de mordeduras de serpiente, asma, epilepsia y cólicos (Fernández 1950/1998; Labrousse, 1993).

El modo más común de uso del opio era parte de un elixir que mezclado con agua o vino, ofrecía propiedades euforizantes y ensoñadoras. La referencia a esta mezcla se encuentra incluso en la Biblia (Mateo 27:34) cuando a Jesús le ofrecen una bebida de sabor amargo que se cree, era una mezcla de opio y vino cuyo sabor es amargo (Fernández, 1950/1998). Martins (2008) hace referencia a Aristóteles quien además de reconocerle propiedades calmantes y somníferas, le atribuía virtudes mágicas
y religiosas. Labrousse (1993) agrega que los romanos llegaron a venerarlo a tal grado, que lo acuñaron en sus monedas.


El uso de esta planta se documenta posteriormente en el Oriente Medio y en Oriente en países como India y China y se convirtió en un bien de intercambio para los mercaderes árabes. A China llegó en el siglo VII, y ya en el año 973 D.C. aparecían escritos con referencias a su poder “sanador”.

La historia de la llegada del opio a Oriente se asocia a los Viajes de Marco Polo, libro en el cual describe con detalle sus viajes por los países del
Asia y que sirvió de base para la construcción de mapas que inspiraron y permitieron posteriormente a Vasco de Gama y a Cristóbal Colón buscar su ruta hacia las Indias Orientales. De acuerdo con Fernández, el comercio mundial del opio fue establecido gracias las habilidades de navegación de los europeos, inicialmente los portugueses tuvieron el control de este comercio y aprendieron de los mercaderes árabes e indios las rutas para llevar el opio de India a China, pues era de mayor calidad y potencia. La
navegación a vela permitió la expansión de este mercado a más puertos y a ello se atribuye el incremento en la adicción al opio entre los años 1500 y 1700 en el Lejano Oriente.

Así mismo, Martins (2008) recuerda que hasta el Siglo XVI el opio en Europa se integraba a las prácticas de hechicería y de fitoterapia y que durante el Renacimiento, Paracelso el gran médico de la época, lo usaba en diversas
preparaciones y fue incluido como parte de la farmacopea. Se atribuye a los portugueses la introducción de la práctica de fumar opio en pipas a China,
pues tanto ellos como los españoles, llevaron la práctica de fumar tabaco en pipas a Europa luego de sus periplos por el Nuevo Mundo (Fernández, 1950/1998). Sin embargo, Diköter (2003) recuerda que el hábito de fumar tabaco se expandió en China cuando se vinculó al ritual del té y los cultivos fueron introducidos por mercaderes europeos.

La práctica fue 1 Unidad de peso equivalente a 1,000 kilogramos.
también popular porque se pensaba que protegía de la malaria.
A principios del S XIX el opio se introdujo en una
suerte de mezcla con tabaco llamada “madak”
y sólo a finales de siglo se redujo el contenido
de tabaco, introduciéndose así la práctica de
fumar opio. Ello se atribuye a que la calidad del
opio importado de India era altamente irritante
cuando se fumaba puro, pero la calidad del opio
cambió durante la ocupación británica a India
haciendo posible una variedad suave al paladar
llamada “Patna” (Diköter, 2003).
De acuerdo con Fernández, la introducción de
la pipa contribuyó a la expansión de las plantaciones de amapola y del uso de opio fumado en
el Lejano Oriente. Según él, los efectos eran de
lejos, más potentes que el opio ingerido por vía
oral, por lo que pronto se comenzaron a registrar los casos de uso habitual en países como
China. Este autor no hace mención alguna a las
referencias antes señaladas por Diköter que
vinculan el uso del opio con el tabaco y el té.
Continúa Fernández diciendo que holandeses y
franceses siguieron los pasos de los portugueses a comienzos del S XVII y posteriormente
los ingleses con su incursión en India, dominaron el mercado del Opio hacia China entre
1770 y 1833, momento en que el mercado fue
abierto y permitió la participación de comerciantes de diversos orígenes, incluyendo a los
norteamericanos que entraron a competir por
este rentable negocio. En 1790 el Emperador
Chino prohibió toda importación de opio, tras
evidenciar el negativo impacto social que tenía
esta práctica entre su gente. El Comercio se
expandió a tal grado, que la carga de los ingleses aumentó de 15 a 75 toneladas métricas (t1
)
entre 1770 y 1773 y llegó a 250 t anuales para
el año 1800, pero en 1840 la cifra aumentó a
2,555 t (Fernández, 1950/1998).
Aunque el contrabando y comercialización de
opio fue prohibido con pena capital en 1796,
la medida no logró mayor eficacia. En 1838 la
Corte Imperial de China comisionó un grupo
especial para responder al problema con
determinación. Con la incautación y lanzamiento al mar de un cargamento de opio, los
ingleses reaccionaron despachando a China
tropas con 7,000 hombres distribuidos en una
flota de seis naves. Esto dio inicio a la primera de las dos Guerras del Opio entre China
y Gran Bretaña con una derrota que China
admitió en 1842, siendo forzada a firmar el
Tratado de Nankin con el cual cedía Hong
Kong a los ingleses y a abrir cinco puertos
adicionales para el comercio internacional,
además de pagar una cuantiosa indemnización por la pérdida del cargamento destruido
(Fernández, 1950/1998).
A pesar de la presión, China siguió con la negativa de legalizar el opio y ello desencadenó
el segundo conflicto en el cual participaron
también los franceses. China de nuevo tuvo
resultados devastadores, aceptando la derrota
por segunda vez y siendo forzada a firmar el
Tratado de Tlanjian, en el cual debían acceder
a la circulación libre de extranjeros al interior
del país y a la apertura de nuevos centros de
comercio, pero la negativa de China desencadenó el ataque a Pekín y la conflagración que
acabó con el palacio de verano del Emperador.
En 1860 accedieron entonces a firmar el Tratado de Pekín en el cual refrendaban lo previsto en
el anterior y dos años antes, en 1858 se legalizó
la importación de opio a China. El número de
usuarios de opio tras la legalización, llegó a la
cifra de 13,5 millones en 1900 que consumían
39.000 t al año. Según Fernández, en 1906 el
27% de la población adulta de China tenía una
dependencia al opio (Fernández, 1950/1998),
y aunque Martins (2008) concuerda en que
serían entre 13 y 40 millones, si se tiene en
cuenta que la población de la época era de
alrededor de 400 millones, se estaría ante una
importante discrepancia frente a la proporción
que menciona Fernández.
Por esta misma época y quizás desde antes,
también es cierto que el uso de opio fue símbolo de estatus y las pipas para fumarlo, una suerte de accesorio lujoso y digno de colección. El
opio se consumía enmarcado en un ritual con
luces bajas y esencias que, a juicio de los más
entusiastas, permitía “un viaje a la inmortalidad” (Diköter, 2003).
18
LA HEROÍNA EN COLOMBIA
Así, otras miradas del mismo fenómeno existen y señalan que durante las primeras décadas
del Siglo XX se expandía un discurso “narcofóbico” sustentado en parte en la visión de una
China “esclavizada y empobrecida” por el opio.
Para Frank Diköter, China es el equivalente al
“paciente cero” y representa una “plaga” que
contamina al resto del mundo, un ejemplo de
sociedad debilitada y destruida por la droga.
Para este analista, resulta importante desdibujar esta imagen, en primer lugar porque no
existe evidencia médica que muestre el impacto negativo que el uso de opio cobra en la salud
y tampoco evidencia que indique que el opio
genere un uso compulsivo y descontrolado por
cuanto es muy raro que se excedan las 15 pipas
al día y no desarrolla tolerancia con el consecuente incremento en la dosis.
En la misma China, muchos lo usaban para el
tratamiento de la diarrea y otros de manera
ocasional, sin excederse de una o dos pipas
por ocasión. De acuerdo con el mismo autor,
Jean Cocteau (1957, citado por Diköter, 2003)
observó que quienes fuman opio nunca incrementan la dosis.
La automedicación fue también un motivo
de expansión del uso de opio en China: como
analgésico y coadyuvante en el tratamiento de
la fiebre, la diarrea y la tos. El opio a bajo costo,
permitió que personas con bajos ingresos
pudieran acceder a una droga que les aliviaba
los síntomas de enfermedades como la disentería, el cólera, la malaria así como a paliar el
hambre, el cansancio y el frío, en momentos en
los que el acceso a tratamiento médico no era
común y los problemas de salud por enfermedades endémicas eran altamente prevalentes
entre la población china. De hecho en 1935,
uno de los pocos estudios existentes, mostró
que el 90% de los 1,000 pacientes de los que
se tenía registro para el tratamiento de la adicción, dijeron haber usado opio o heroína para
tratar algún síntoma físico. Las enfermedades
endémicas fueron características del período
tardío de la China Imperial, como ejemplo, las
devastadoras epidemias de cólera que coincidieron con la llegada del opio en la segunda y
tercera década de los años 1800.
Concluye su análisis Diköter, señalando cómo
el opio fue convertido en “chivo expiatorio” en
una época en la que la medicina tuvo su plena
expansión en Europa y Estados Unidos, en la
que se quiso monopolizar el acceso a medicamentos y en la que se creó todo un nuevo
mundo de desarrollo en torno a las “adicciones”. Por su parte en China, muchas personas
en tratamiento y desintoxicación murieron en
efecto, a juicio de este analista, por la ausencia
de tratamientos eficaces para las enfermedades que los llevó a tomar opio en primer lugar
o por malas prácticas a la hora de proveer un
efectiva desintoxicación (Diköter, 2003).
Diköter considera que existe una negativa a
aceptar que el uso de opio en Europa, el Medio
Oriente y Asia fue siempre “suave y moderado”, y que aceptar este hecho hubiera echado por la borda los esfuerzos por prohibir los
cultivos de amapola y hubiera amenazado el
discurso médico según el cual, el incremento
en la dosis es inevitable y la adicción irreversible (ver también Musto, 1993).
De otro lado, el opio es una sustancia de calidad
y potencia muy variables. La mayor parte del
opio importado de India y producido en China
tenía poco contenido de morfina (3-4%) en
tanto que el importado de Turquía a Inglaterra,
podía tener entre 10-15% de morfina. Aunque
el uso de opio por vía fumada puede suponer
una mayor sensación de euforia, la realidad es
que entre el 80 y 90% del componente activo
se pierde al quemarlo.
El mismo autor pone la perspectiva sobre otros
factores que invitan a trascender la discusión en
torno a las propiedades farmacológicas de esta
droga. Las condiciones de contexto en la época
imperial se caracterizaban por un marcada
movilidad y diferencia entre clases sociales en
donde ciertos grupos sociales buscaban marcar
su estatus y riqueza frecuentando las “casas de
opio” y adquiriendo la maestría en el “arte de
fumar”.
La disponibilidad de opio de menor calidad
llevó a que esta práctica penetrara también
en otros grupos sociales a mediados del Siglo
XIX. El opio se convirtió en símbolo de hospitalidad, de uso colectivo y enmarcado en rituales
19
HISTORIA Y GENERALIDADES DE LA HEROÍNA
sociales y culturales junto con las “casas de té”
y los lugares en donde se vendía licor; juntos
jugaron un papel importante ofreciendo espacios de esparcimiento e intercambio social en
un momento de gran represión.
El opio, a diferencia del alcohol, permitía
conservar la compostura y fue un importante “lubricante social” en la época. Todo ello
contrasta con la imagen ampliamente expandida de la casas de opio como lugares de “perdición y vicio”; muchas de éstas sirvieron como
refugio y hogar temporal para inmigrantes
pobres, ofreciéndoles techo, comida y baño. Un
ejemplo de ello es la casa de opio más grande del mundo, el Heng Lak Hung en Bangkok
que en los años cincuenta del Siglo XX, albergó
5,000 personas de forma permanente en un
ambiente en el que se ofrecía opio, acomodación y comida a bajo precio. Las casas de
opio en el Siglo XIX sirvieron de refugio para el
flujo masivo de trabajadores que llegaban a los
puertos y centros de comercio, así como a los
inmigrantes internos que salían del campo por
la crisis en la economía rural, o por la diversidad de desastres naturales y rebeliones.
La prohibición que tuvo lugar entre 1906 y 1949
no sólo dejó a muchas personas sin techo, sino
que fue un remedio peor que la enfermedad.
De hecho impulsó el mercado de opiáceos
semi-sintéticos como la morfina y la heroína,
fenómeno detectado en 1929 por las mismas
autoridades chinas. La heroína se expandió
como alternativa frente al alto costo del opio
en el mercado negro, especialmente entre
las clases pobres. Dada la familiaridad de la
sociedad china con las agujas (acupuntura),
las jeringas artesanales se convirtieron en una
alternativa para el uso, pues era más fácil de
ocultar dada la ausencia de humo y se usaban
de forma masiva sin ningún tipo de limpieza o
desinfección, trasmitiendo sífilis y convirtiendo
a la septicemia, el hambre y la desatención en
las mayores causas de muerte entre adictos en
ese país (Diköter, 2003).
El Partido Comunista tomó el poder en 1949 y
a pesar de haberse lucrado del mercado ilegal
de opio durante su lucha, les tomó tres años
terminar con las sustancias ilícitas, poniendo
en marcha una política represiva y de persecución que incluyó ejecuciones masivas, juicios
públicos y envío de muchos, a campos de
trabajo forzado por el resto de sus vidas.
El único lugar en el que el opio siguió siendo
una alternativa más costo-efectiva que los
opiáceos semi-sintéticos fue Hong Kong,
donde se conservó el monopolio por parte de
las autoridades británicas. Pero este panorama
cambió, cuando les fue imposible contrarrestar la presión ejercida por los Estados Unidos
frente al mercado global de opio y disuelto el
monopolio estatal, bastó una década para que
los usuarios transitaran a la heroína (Diköter,
2003).
Durante esos años se descubrió la penicilina
(1940) y se convirtió en una verdadera alternativa para el tratamiento de enfermedades que
antes sólo podían ser tratadas con opio. Desde
1930 el estatus social del opio venía en franca
decadencia y ya no era visto como símbolo de
clase o modernidad; el cigarrillo llegó pronto en
su reemplazo e hizo de China a finales del S XX
el mayor productor de tabaco en el mundo .
Historias similares se vivieron en Tailandia,
Vietnam, Birmania, Laos y otros países para los
que la prohibición dinamizó fenómenos de altísimo costo socio-sanitario (ver también Pérez,
2009).
La Conferencia de Shangai que tuvo lugar en
1909 y la Convención Internacional del Opio
en 1912 en La Haya, dieron origen al sistema internacional de control y fiscalización
de sustancias ilícitas con 13 países signatarios en la época, entre los que encontraban
China, Estados Unidos y Reino Unido. De allí
los países se comprometieron a hacer esfuerzos por controlar la fabricación, importación,
exportación y venta de sustancias como morfina y cocaína, así como sus derivados y fue, a
juicio de la UNODC (2008), el primer esfuerzo internacional por controlar un problema
con dimensiones globales. En 1915, algunos
países la integraron a su legislación interna y
en 1919 se globalizó el alcance como parte del
Tratado de Versalles. Este fue el origen de la
prohibición del comercio y uso de sustancias
consideradas ilícitas y su restricción para usos
medicinales.
20
LA HEROÍNA EN COLOMBIA
No obstante, según UNODC (2008), la Declaración de Shangai no fue un instrumento del
todo vinculante y la construcción de un cuerpo
legal que lidiara con el problema mundial de las
drogas, tuvo que esperar el desarrollo de docenas de acuerdos y declaraciones que se dieron
a lo largo de gran parte de los siguientes 100
años. Después de la Primera Guerra Mundial
la Liga de Naciones lideró el esfuerzo y emitió
convenciones en 1925, 1931 y 1936 que no tuvieron mayor alcance pues algunos países clave no
hacían parte de este colectivo. Pasada la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas asumieron el liderazgo promoviendo los protocolos del
opio entre 1946 y 1953. La Convención Única de
drogas ilícitas de 1961 cambió la manera como el
mundo entró a responder frente al tema.
El comercio de drogas ilícitas evolucionó al
tiempo con las convenciones, mientras la
morfina y la heroína desplazaron al opio en
las dinámicas de consumo, la cocaína surgió
en el panorama geopolítico y la marihuana fue
incluida en la lista de sustancias controladas
en 1925. La Convención de 1961 no incluyó las
sustancias sintéticas (a excepción de los opiáceos sintéticos) y dada la proliferación de estas
sustancias durante la década, fue necesaria
la convención de 1971 para sustancias psicotrópicas. En 1988 se consolidó el sistema de
control en una convención que incluía tanto las
sustancias narcóticas como las psicotrópicas
(UNODC, 2008).
De esta forma, Diköter termina su reflexión
señalando que la visión de una China “esclava” fomentó el discurso prohibicionista, y
que éste a su vez “dinamizó el crimen, llenó
las cárceles, alimentó la corrupción, puso en
riesgo la salud pública, restringió el acceso al
manejo efectivo del dolor crónico y produjo
exclusión social” (p.23). A su juicio, la mejor
manera de ganar la “guerra contra las drogas”
es abandonándola.
UNODC (2008) por su parte, se pregunta
qué hubiera ocurrido si no se hubiera intervenido como se hizo, lo que denomina una de
las mayores crisis humanitarias de nuestro
tiempo.

Related post