Guía. Atención y tratamientos en prisión

 Guía. Atención y tratamientos en prisión

La asistencia sanitaria proporcionada a los internos de las prisiones en la actualidad se fundamenta en criterios de buenas prácticas basados en la evidencia y además necesita conocer en profundidad las características del medio para optimizar las condiciones y lograr así la rehabilitación psicosocial óptima deseada. En este sentido, será preciso estudiar las características de la vida en el interior de la prisión, de las personas afectadas, de la naturaleza de la patología mental y del marco legal involucrado.


Los datos epidemiológicos realizados en las cárceles españolas ponen en evidencia algunos resultados relacionados con el consumo de sustancias y los trastornos mentales:
• La prevalencia de enfermedad mental puede alcanzar 40%. De este porcentaje, cerca del 6% presentaría un trastorno mental grave y hasta el 50% padecería un trastorno relacionado con el consumo de drogas.
• El 9,6% de los internos de las prisiones tiene antecedentes de patología dual.
• Las personas en prisión que padecen trastornos por uso de sustancias psicoactivas se caracterizan por su politoxicomanía, con una droga principal y otras drogas aunque con menor frecuencia y prioridad.
• Estas personas pertenecen mayoritariamente a colectivos socialmente aislados sin acceso real a los programas de prevención y tratamiento de las enfermedades por abuso de sustancias.
• Gran parte de la población penitenciaria presenta un perfil clásico de marginalidad, con un nivel socio-cultural más bajo y mayores carencias económicas que la población general.
• El consumo de benzodiacepinas está muy extendido, bien en el contexto de la prescripción facultativa o bien en base al tráfico interno.  
• El consumo de tabaco, en este medio, supera también a la prevalencia de la población general.
• Actualmente, la polidependencia más habitual es la generada por el alcohol y la cocaína.
• El trastorno de personalidad que más se asocia con el uso de sustancias es el trastorno antisocial.
• La incidencia de conductas agresivas también apunta a cifras muy superiores en la población reclusa.

Tanto en el pasado como en la actualidad, las Instituciones Penitenciarias se han involucrado con la implantación de programas asistenciales adaptados a las características específicas del medio. En este sentido, destacan los Programas de reducción del daño (mantenimiento con Metadona, intercambio de jeringuillas…) y de Atención Integral de Enfermedades Mentales en prisión. 

Más recientemente, los cambios en materia legal también salpican la asistencia intramuros, puesto que pueden entrar en prisión delitos como la conducción bajo los efectos del alcohol o expresiones de violencia en el contexto familiar, o a terceras personas… 

La cárcel resulta un lugar particularmente “duro” para vivir o sobrevivir o dejar pasar la vida. Los internos suelen referir una situación emocional disfórica, con una percepción de frustración mantenida, desánimo, desinterés y una actitud pasiva de espera. Pero, a pesar de las adversidades cotidianas experimentadas, desde la prisión también se pueden aprovechar algunas características como aliados terapéuticos: la contención externa del propio centro, el aislamiento de su medio habitual y de su entorno personal, la organización en torno a una rutina diaria y adquisición de normas, aislamiento y alejamiento de su entorno personal y hábitos patológicos, el respeto hacia los límites, la recuperación y estabilización de hábitos sanos, el compromiso con responsabilidades, el apoyo de profesionales e institucional, la asunción progresiva de autonomía.

Por tanto el paso por la cárcel puede y debe convertirse en una oportunidad para acercar la sanidad a personas que hasta el momento de ingresar en prisión no habían tenido contacto con el sistema, e iniciarles en la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, así como introducirlos en programas para abordar las entidades patológicas descritas en esta guía y avanzar hacia su rehabilitación y reinserción psicosocial.
Ante la complejidad de estos problemas clínicos, los profesionales, se plantean algunas preguntas: ¿Cómo lograr interpretar síntomas inespecíficos sugestivos de patología dual? ¿Cómo acuñar un diagnóstico preciso? ¿Cuándo, cómo y dónde llevar a cabo una desintoxicación? ¿En base a qué criterios se pueden organizar los cuidados en casos con este tipo de trastornos? ¿Cómo prevenir situaciones de alto riesgo de violencia con auto o heteroagresividad? ¿Cómo adaptar el plan terapéutico a las sustancias consumidas y las complicaciones presentes? Esta guía pretende dar respuesta a estas y otras cuestiones que aparecen con demasiada frecuencia en el ámbito penitenciario entre las personas allí ingresadas.
GSMP*

Samuel Zuleta

https://samuelzuleta.farmacodependencia.com/

Magíster en Drogodependencias, Especialista en Farmacodependencia, Psicólogo.