Modelo de reducción del daño

 Modelo de reducción del daño

Reducción del daño -reducción de daños y riesgos para otras opiniones- como medida para aminorar las consecuencias adversas que sobre la salud, lo social o lo económico tiene el consumo de drogas, sin requerir, necesariamente, la reducción de su consumo. El concepto de “consumo responsable” emerge como propuesta fundamental de esta perspectiva interpretativa.


La reducción de daños, concepto asociado a un tipo de programa de tratamiento –por ejemplo, los programas con metadona–, pero también como un acercamiento ético y pragmático a la problemática social y sanitaria de las drogas, que hace hincapié en reducir las consecuencias negativas del uso de sustancias más que en la promoción de la abstinencia de su consumo.


El objetivo es que caso de consumir, tenga los mínimos efectos negativos para la persona y para la sociedad.

Las premisas básicas de esta perspectiva (23) son:
• La persona tiene derecho a consumir drogas. A los profesionales y a las instituciones les compete disponer las condiciones que reduzcan los daños físicos, psicológicos y sociales que a la persona le puede reportar su consumo.
• El consumo de drogas en la sociedad es inevitable, a pesar de todos los esfuerzos que se han realizado para evitarlo. El consumo puede ser o no gratificante para la persona pero la sociedad no tiene derecho a reprimirlo.
• Preocupa el posible daño, no el consumo en sí mismo.
• La actividad terapéutica es menos costosa, y se interviene para reducir el daño y no para dar tratamiento que modifique el comportamiento, el carácter o las actitudes de la persona.
• No se rechaza la abstinencia como meta para quien la desee o le convenga, pero la intervención se dirige a proteger a corto plazo a la comunidad y al propio consumidor.

Las intervenciones propuestas para la reducción del daño incluyen la puesta en marcha de acciones diversas (27), tales como las siguientes: programas basados en el suministro de metadona y otros opiáceos sintéticos a las personas adictas a heroína; programas de suministro de jeringuillas y agujas estériles a quienes consumen drogas por vía parenteral; acceso a áreas de tolerancia y consumo, lugares habilitados para que puedan obtener instrumental de inyección seguro e higiénico, preservativos, información y atención médica; programas educativos basados en la reducción de daños; materiales y estrategias informativos para jóvenes sobre cómo reducir los riesgos asociados al uso de drogas; acción educativa de calle dirigida a contactar con jóvenes consumidores; testado químico de las sustancias; demanda de la legalidad controlada de ciertas sustancias institucionalizadas, etc.

Por otra parte, aunque esta interpretación reductora de daños coincida con las reivindicaciones de algunos sectores progresistas, es preciso señalar que este modelo coincide con los principios neoliberales de no intervencionismo, individualismo, reducción de gastos públicos y liberalización mercantil (3) y, así mismo, está presente la consideración fatalista del consumo de drogas como un hecho inevitable e inherente a la dinámica social y a la libertad de cada persona para elegir sus comportamientos y estilo de vida.

Samuel Zuleta

https://samuelzuleta.farmacodependencia.com/

Magíster en Drogodependencias, Especialista en Farmacodependencia, Psicólogo.