¿Podría ayudar la ayahuasca a tratar el alzhéimer y el párkinson? Investigadores españoles creen que sí

 ¿Podría ayudar la ayahuasca a tratar el alzhéimer y el párkinson? Investigadores españoles creen que sí

Desde hace un tiempo el uso de algunas drogas psicodélicas con fines medicinales ha generado un gran debate entre la población. Hay quien cree que eso no debería ser viable, y luego están los que demuestran científicamente sus verdaderos beneficios para la salud.

La N, N-dimetiltriptamina (DMT) es un componente de la infusión de ayahuasca tradicionalmente utilizada con fines rituales y terapéuticos en varios países de América del Sur y, precisamente en ese elemento se ha basado un equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols de Madrid, que ha examinado el potencial efecto neurogénico de DMT. “Como sabíamos que la ayahuasca era un tratamiento que parecía ser eficaz para la depresión, empezamos a investigar si podía intervenir en la formación de nuevas neuronas”, afirma José Ángel Morales García, colíder del grupo de investigación.

“El efecto que hemos obtenido usando la dimetiltriptamina de la ayahuasca es espectacular, tan espectacular que cuando veíamos los resultados no nos lo creíamos, pensamos que habíamos hecho algo mal. Tiene un efecto muy potente”, dice Morales.

© CC0 / PIXABAY

Los resultados obtenidos demuestran que la administración de DMT activa el principal nicho neurogénico del adulto, “la zona subgranular de la circunvolución dentada del hipocampo”, promoviendo neuronas de nueva generación en la zona granular. Esto se traduce en que las personas que sufren alzhéimer o incluso párkinson podrían tener mejoras en su capacidad cognitiva gracias a ese aumento en las neuronas, mejorando así el aprendizaje y las tareas de memoria. “Pretendemos estimular las células madre del sistema nervioso para sustituir a aquellas células que se están muriendo a consecuencia de la enfermedad de Parkinson o de la enfermedad de Alzheimer”, explica Morales.

Los ensayos clínicos se han realizado de momento con animales, donde se estudió su cerebro durante tres semanas después de haber inyectado la sustancia. Vieron que se formaron nuevas neuronas que eran capaces de relacionarse con el resto de célula a su alrededor y lo más importante, “si esas neuronas que se estaban formando eran funcionales”. El siguiente paso es comprobar que no esté activando otros receptores que podrían producir efectos adversos no deseados en el ser humano.

“Tanto en el alzhéimer como en el párkinson, no tenemos ningún fármaco que pare la enfermedad. Todos los fármacos son sólo asintomáticos, están diseñados para mejorar la calidad de vida de los pacientes. En ese sentido, cualquier cosa que pueda aparecer para mejorar la enfermedad, bienvenida sea, porque no tenemos nada”, concluye el científico español.

Samuel Zuleta

https://samuelzuleta.farmacodependencia.com/

Magíster en Drogodependencias, Especialista en Farmacodependencia, Psicólogo.

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